1. Fija tu objetivo

Primero que nada, antes de empezar a estudiar un idioma debes plantearte ciertas preguntas que te pueden ayudar a orientar mejor tus objetivos:

¿Para qué quieres aprenderlo?  Cabe que tengas en cuenta que no suponen la misma carga de trabajo, ni el mismo enfoque de contenidos casos en los que, por ejemplo, alguien quiera estudiar inglés para viajar en comparación con alguien que necesite el idioma para desenvolverse en un ámbito especializado como el de los negocios.

¿Qué te atrae o interesa de ese idioma? Hay muchas ocasiones en las que empezamos a estudiar algún idioma por obligación o para mejorar nuestro CV, pero si tienes la opción de elegir entre distintos idiomas, puedes tener en cuenta factores como si te interesa su cultura, su gastronomía, su país, o incluso la lengua per se.

¿Cuál es el motivo que te impulsa a estudiar este idioma entre todos los otros? Una vez te hayas planteado la pregunta anterior, es probable que te sigas encontrando ante un abanico de opciones. Es este el momento en el que tienes que activar el filtro. Por ejemplo, si eres nativo de español y te estás debatiendo entre el francés y el japonés, es conveniente que tengas en cuenta factores como el nivel de dificultad de cada uno, la cercanía de los países en los que se hable este idioma con el tuyo o el uso que podrás darle en tu vida académica y personal una vez lo domines.

2.Sumérgete en el idioma

A la hora de empezar a estudiar un idioma, lo mejor que puedes hacer es introducirte también en su cultura: desde su historia, sus costumbres, su geografía hasta su gastronomía, arte, cine o música.

Está claro que la manera más fácil de conseguir esto es viajando, pero si por ahora la experiencia inmersiva no está entre tus posibilidades, puedes empezar por leer libros y ver películas en el idioma que quieres adquirir.

Con esto, verás cómo poco a poco tus habilidades se van potenciando en distintos ámbitos como el listening, el speaking, e incluso irás cogiendo vocabulario sin siquiera darte cuenta.

3.Pon tus conocimientos en práctica

Poniendo en práctica lo aprendido es como mejor se fijan los conocimientos. Practicar un idioma puede hacerse en una infinidad de maneras diferentes. La opción más evidente es hacer ejercicios o repasar las lecciones de la semana. También puedes atreverte a hablar con nativos o con personas que estén estudiando el mismo idioma, así podréis ayudaros y corregiros los posibles errores que vayan surgiendo. Además, siempre viene bien estar en contacto con gente que se encuentra en tu misma situación, con tus mismos miedos e inseguridades.

4.Sé constante

Cualquier tarea o aprendizaje requiere de esfuerzo y, además, de otro factor importante: La constancia. En un primer momento nos puede parecer casi imposible sacar el tiempo suficiente para sentarnos a estudiar, sobre todo cuando vivimos inmersos en una red de compromisos, ya sea el trabajo, los hijos, estudios… Pero es importante tener en cuenta que con 20 minutos que dediquemos de nuestro tiempo al día, los resultados comenzarán a ser notorios poco a poco.

No te desmotives, ni Roma se construyó en dos días, ni nadie se ha hecho bilingüe en dos semanas. Aprender un idioma desde cero no es fácil, y puede resultar frustrante en muchas ocasiones. Lo importante es ser conscientes de que es un trabajo que requiere su tiempo y su cariño, verás que cuando lo consigas todo el esfuerzo habrá merecido la pena.

 

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